domingo, 25 de octubre de 2009

Ojos abiertos


Mi primera salida sola (entiéndase: sin Adam) después de tanto tiempo. Es increíble como una puede llegar a darse cuenta de tantas cosas en una sola noche:

1. Desde la invención de la cámara digital, uno nunca tiene suficientes fotos. En los tiempos de la cámara de rollos, tener treinta y seis tomas era toda una maravilla. Treinta y seis fotos sonaba a album lleno, pero aún así había que saber escoger qué escenas fotografiar, y por supuesto, mantener el conteo, de lo contrario sucedía la típica formación para la última foto que no se puedo concretar porque oh my, ya no había rollo. En cambio ahora, todo ello ha cambiado con la camarita digital. La cantidad de fotos que puedes tomar en una noche es extendidamente proporcional a cuantos gigas de memoria tenga tu cámara. Y de ahí vienen las fotos innecesarias: cuando te estás arreglando, cuando ya te arreglaste, todos en casa antes de salir, fotos en el taxi, fotos sobria, fotos ebria, fotos que terminas rogando que borren (ese es otro beneficio, antes si salías mal en una foto pues que pena por tu cara pero eres así y así te quedas, ahora puedes fingir una pose mejor y la foto mala queda en el olvido de la papelera de reciclaje), fotos bailando, fotos posando, fotos de la hora loca, etc, etc, etc. Y si, terminada la noche, aún te queda espacio en la tarjeta de memoria, te tomarás fotos llegando a casa, fotos sin maquillaje, fotos pretendiendo dormir, fotos cuando despertaste, fotos con cara de resaca, fotos, fotos y más fotos, y todas irán a la misma carpeta el facebook con la etiqueta de "noche de juerga", obviamente, tras haber pasado por un filtro de aprobación multitudinario, osea, que todos los que salen en las fotos digan que está ok que las publiques.

2. No interesa cuánto te arregles esa noche, cuánto te esfuerces, cuánto gastes, siempre, SIEMPRE llegará alguna regia que nos va a cagar. Es increíble como algunas mujeres pueden lucir estupendas sin el mayor esfuerzo ni dedicación. Para ti, los preparativos para esa noche empiezan la mañana anterior, en que te acuerdas que tienes que entrar en el vestido como sea, así que desayunas, almuerzas y cenas ensalada de papaya, lo mismo al día siguiente. Te vas a dormir temprano pues no quieres lucir ojeras, y en la mañana te dedicas a hacerte exfoliaciones, depilaciones, hidrataciones, te llenas de mascarillas, te haces manicure, pedicure, te vas a la peluquería, te aguantas a un maricón jalándote los pelos por una hora, luego te recubres en maquillaje, perfume, joyas, te metes en el soñado vestido que a punta de hambre lograste ponerte, y te sientes como Cenicienta lista para partir. Llegas a la fiesta y se te cruza un espécimen femenino cuyo único maquillaje es su bronceado, con el pelo suelto y un vestido chiquito, que apenas huele a colonia de baño y de joyas solo tiene puesta una cuentita negra con un dije de plata. Y se le ve más regia que a ti. Qué injusta es la vida a veces.

3. Los hombres también forman alianzas y traman triquiñuelas para lidear con sus ataques de celos y anhelos de control durante esa noche que decidiste salir sola. Primero él te manda un mensaje preguntándote a dónde vas a ir y con quien(es), a lo que respondes solemnemente "A una fiesta con la gente del trabajo". Luego el ofrece en irte a dejar, y tú respondes "No gracias, ya quedé en irme con una amiga del trabajo". Luego el ofrece en irte a recoger, y tú respondes "No gracias, me vengo con una amiga del trabajo". Luego él insiste, así que le recuerdas que cuando él sale con la gente de SU TRABAJO, tú no lo marcas de esa manera, a lo que él responde sobonamente "Lo que pasa es que te extraño". Claro. Luego a mitad de fiesta, recibes un mensaje de SU MEJOR AMIGO: "Lo, si quieres te paso recogiendo, me mandas un mensaje pero al cel de Adam"... Qué tal marcación, y qué poco disimulados, al menos las mujeres le ponemos sutileza a nuestro estilo, en fin...

Fue una buena noche.

lunes, 12 de octubre de 2009

Abreme la puerta

Sentada frente al celular. No lo contesto, lo miro sonar y sonar, timbrar y timbrar, vibrar y vibrar, pero no, no contesto. Adam está afuera, en la puerta de mi casa, no ha tocado, es muy tarde, pero me está llamando para que le abra. Pero no quiero, no puedo, no me muevo. Solo miro el celular.

"Abre, estoy afuera" dice un desesperado mensaje. Lo leo con indiferencia, con cólera, con cansancio. Lo borro y me vuelvo a sentar. No, no voy a abrir, algo no me lo permite, no voy a abrir.

Hace dos horas sí contesté, hace dos horas lo oí decir "Te voy a ver", y luego esperé dos horas, revisé mis correos, contesté algunos, vi un refrito de Friends, preparé ensalada de frutas, recibí a un amigo en casa pero lo despaché rápido pues Adam iba a llegar. Y pasaron dos horas.

Ahora está afuera de mi casa, a unos metros de mi, yo con el celular en la mano, tratando de decidir si abro o no, si contesto o no, queriendo identificar lo que me inmoviliza, si es orgullo, si es hartazgo, si es cansancio, si es desamor. Oh Dios, desamor. ¿Será que ese día tan temido ha llegado?

Pero esperé dos horas, ya es tarde, él lo sabe, por eso no se atreve a tocar la puerta, ya todos en su casa deben estar durmiendo, pensará. No, estamos despiertos, también yo, pero no quiero abrir.

Pudo haberme llamado antes, pudo haberme dicho que tal cosa lo estaba retrasando, pudo haberme avisado que se iba a demorar. Pero me hizo esperar por dos horas. Tal vez si hubiera estado esperándolo en otro lugar que no fuera mi casa habría sido más considerado, tal vez me hubiera hecho esperar solo media hora. ¡Tarado!

Y el celular sigue timbrando, ya van más de diez veces, tal vez le deba abrir. Pero no, no quiero, no quiero verlo, no me apetece, quiero que se vaya.

Silencio. El celular ya no timbra más.

viernes, 9 de octubre de 2009

Dieta

Esto es lo que he estado comiendo durante el último mes y medio:

7:30 AM: Batido de yogur natural y fruta, como fresa, papaya, melón o plátano (si amanecí con hambre: "y platano").

10:30 AM: Sandwich de pan integral o pan "cero" (cero grasas, cero colesterol, cero sabor) con queso fresco sin sal.

1:30 PM: Galletas de agua y un vaso de yogur de fresa.

4:30 PM: Ensalada de verduras sin limón y con aceite de oliva, arroz blanco y pollo hervido o a la plancha sin condimentos, o atún en agua y sal.

7:30 PM: Cereal con yogur natural o sopa de pollo.

10:30 PM: Ensalada de frutas con miel o con yogur de fresa.

Y para beber: solo agua purificada o infusión de cebada, linaza y miel.

Cinco kilos menos después, debo admitir que no está tan mal. Al menos compensa el no poder ir al gimnasio. Por supuesto que el toque de sabor lo dan las dos cucharaditas de hidróxido de aluminio que debo tomar después de cada comida. Yum-yum!

domingo, 4 de octubre de 2009

Adam en Lima


Tiempo para pensar, para reflexionar, para sopesar lo bueno y lo malo, para valorar lo que se tiene, para evaluar cómo se puede cambiar lo que no se quiere, para estrategizar cómo conseguir lo que se desea. Tiempo...

Una vez leí una oración que me gustó:

“Dios, concédeme la serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el valor para cambiar las cosas que puedo cambiar y la sabiduría para conocer la diferencia; viviendo un día a la vez, disfrutando un momento a la vez; aceptando las adversidades como un camino hacia la paz; pidiendo, como lo hizo Dios, en este mundo pecador tal y como es, y no como me gustaría que fuera; creyendo que Tú harás que todas las cosas estén bien si yo me entrego a Tu voluntad; de modo que pueda ser razonablemente feliz en esta vida e increíblemente feliz Contigo en la siguiente. Amen.”

Creo que la rezan en Alcohólicos Anónimos.

domingo, 27 de septiembre de 2009

El motivo de mi ausencia

La vida tiene altos y bajos, cortos y largos, pasadizos emocionantes, salas de descanso, puertas y más puertas, ventanas, altillos, claraboyas... Vamos por la vida mirando a nuestro alrededor, deteniéndonos más en algunas zonas, pasando de largo otras, en algunas ni siquiera nos fijamos, a otras les prestamos más atención de la que deberíamos, y de pronto una siente que ya agarró camino, que las cosas están marchando de manera aburrida pero estable, que ya todo está dicho y ahora una puede disfrutar de la corriente que nos lleva... hasta que llega un doctor y te dice: "Estás enferma".

Nunca fui partidaria de tener secretos. Siempre todo se llega a saber, y generalmente las verdades se descubren en el peor momento. Aunque, si lo pensamos bien, sin importar cuándo sea, una verdad al descubierto siempre hará que el momento sea el peor. Sin embargo, le he encontrado los beneficios a mantener un secreto en los últimos días. No comprendía antes eso de no contar las cosas para que los demás no se preocupen, ahora lo entiendo y al 100%. Otro de los beneficios es que nadie te jode con la justificada preocupación constante, que en algún momento comienza a apestar a chisme cuando proviene de quien no tiene la menor razón para preocuparse por ti.

Estar enferma es un bodrio. No hacer lo que una siempre hace es lo más chocante en un inicio, y con el tiempo empiezas a descubrir que hay más y más cosas que tampoco puedes hacer, y empiezas a inventar excusas. Algo así como que no comes tal o cual cosa porque tienes gastritis. Ja! a estas alturas me han de alucinar como la tipa más pedorra del planeta.

Hoy pago el precio de una vida desordenada que empezó cuando cumplí quince. Lo recordaré la próxima vez que alguien diga que fumar es relajante. Sí, lo es, pero también mata. Adam piensa que lo único que le aqueja a mi hígado es estar agrandado (hepatomegalia) y una gastritis de la patada, así que no se preocupa mucho si me ve con náuseas. Quién diría... una escucha las historias, ve las campañas, los avisos publicitarios, pero jamás piensa que esté tan cerca. Tal vez me esté adelantando y debería esperar a la confirmación del doctor, pero de todas maneras, la palabra asusta. Cáncer...

Iré a terminar como Izzie Stevens? Ya se viene la nueva temporada...

No suelo pensar mucho en la muerte, pero si todos vamos a morir, sería bacán poder elegir cómo... salvando a alguien, así me gustaría morir.

lunes, 7 de septiembre de 2009

Si es gay, es Ok

No hay nada mejor que un mejor amigo gay. Punto, ahí debería terminar este post. Es que en realidad no requiere de mayor explicación ni explayación, está muy claro: los mejores amigos de las mujeres son los gays.

No soy muy partidaria de que hombres (heterosexuales) y mujeres puedan ser amigos en realidad. Si bien lo único que tengo como base es mi vanal experiencia, suelo afirmar con certeza que siempre existe un no sé qué inmencionable en ese tipo de relaciones. Algo así como que con tu amigo no puedes irte de compras sin que él se aburra, naturalmente, por su condición de varón. Ni que le puedas mostrar lo bien que te queda lo que por tu lado te compraste sin que el pobre se empiece a masturbar mentalmente. O que de pronto le cuentas del chico X, Y, Z... y que él realmente se interese sin llegar a pensar en tú y él bajo esas circunstancias... Lo mismo sucedería en nuestros casos, probablemente terminaríamos odiando a todas y cada una de las nacas que se atrevieran a dañar a nuestro pobre y tierno amiguito, y finalmente terminaríamos pensando que tal vez, sólo tal vez, él estaría mejor con nosotras, aunque no le encontremos ni el gusto a cuerno. En fin, podría estar equivocada.

En cuanto a las mejores amigas mujeres... no me malinterpreten, tengo miles, buenísimas, súper buena onda todas... pero no es la misma vibra. Las mujeres somos competitivas por naturaleza, somos fijonas, rajonas, nos comparamos, nos observamos, y eso siempre le pone un toque subliminal a cada palabra y acto que una haga por otra. Algo así como que una amiga te manda un mensaje de texto contándote lo bien que la pasó con su novio esa noche, y tú, que aún te enjugas las lágrimas por la pelea con el tuyo, le respondes: "Qué lindo, amiiii! me alegro por ti"... pero en el fondo estás pensando: "Y a mí qué carajos me importa??!! Vete a la mierda tú y tu maldita relación perfecta!!" Dudo equivocarme.

Pero con los gays es otra cosa. Definitivamente otra cosa. Para empezar, son un mate de risa 24/7, incluso escucharlos decir que les duele la cabeza es divertidísimo (Ay flacaaaaa... me muero por un Tylenol!!!!), y no es que sean caricaturas andantes, no, simplemente son cada uno un personaje digno de observar. Tanta inhibición, tanta ausencia de repujos, tanto free spirit... definitivamente los convierte en un soplo de aire fresco. No nos envidian nada (porque a decir verdad, en el fondo se creen mejores que nosotras, pero no me complico con eso), brindan consejos de lo más descabellados, de esos capaces de hacerte morir de risa durante el peor de los dramas solo por su originalidad ("Vamos a tirarle huevos a su casa", "Pero si lo único que hizo fue llegar tarde", "Entonces se los tiramos al auto", "No, pero pobrecito, luego lo tiene que mandar al carwash", "Bueno, cuando lo vea le tiro un huevo yo!").

Pongamos las cosas claras: los gays son reinas del drama. Pero para nosotras, esas escalas que alcanzan niveles berracos nos pueden llegar a parecer divertidos y pintorescos. Nada mejor que un amigo gay teniendo un bitch fit en tu nombre para subirte los ánimos y sentirte más acompañada.

Nadie sabe mejor de tendencias y moda que un amigo gay. Nadie puede defenderte como hombre y empatizar como mujer mejor contigo que un amigo gay. Nadie se pasa una noche de tragos a tu lado sin propasarse y sin esperar que escuches todas sus querellas como un amigo gay. Nadie te da una mejor visión masculina desinteresada que un amigo gay. No se interesan en tu novio, no hablan a tus espaldas, y te pueden escuchar horas de horas con un interés genuino.

Y si estás apuntando a un fashionable look por asociación, no hay nada mejor que la compañía de tu mejor amigo gay.

Love you, bitches!

lunes, 24 de agosto de 2009

No surprises


Casi 20 días después y todo sigue igual. Altos y bajos, bajos y altos. Días excelentes, llenos de besos, amor y romance. Días de perros, peleas, espalda con espalda, brazos cruzados. He identificado que muchas veces el problema soy yo.

Ya sé que viene. Tonta, te has dejado lavar el cerebro, lo has dejado convencerte de que eres la culpable, él te hizo daño, déjalo, déjalo, DÉJALO!!! es un peligro para ti. Pero ya saben que no soy de escuchar consejos ni opiniones, ya saben lo que pienso al respecto: no todos los consejos se aplican a todos los casos, por más genéricos que sean, por más bien intencionados, cada pareja es un caso, y para dar un consejo acertado habría que conocer todos los factores implicados... a veces ni los mismos involucrados los conocen. Nadie conoce la verdad con respecto a nada.

En fin, esta fue la situación: Adam y yo decidimos reducir nuestra frecuencia de visitas. Ahora solo nos vemos los fines de semana. La de la idea fui yo, quería que me extrañara, que sintiera un poquito mi ausencia y que cuando finalmente estuviéramos juntos, realmente quisiera estar ahí. Yo también quería extrañarlo, pues la verdad estaba empezando a sentir que me estorbaba un poquito. Fea palabra, pero así es. Y bueno, así lo hicimos por dos semanas, de lunes a viernes solteros totales, y sábados y domingos dos pindongos enamorados. Este sábado optamos por una escapada íntimo-romántica.

La verdad sentía estar con un extraño, con alguien desconocido, y la sensación me gustó. Buen cambio, pensé, y sin tener que caer en pecaminosas infidelidades. Fue rico sentir ese algo nuevo después de tantos años (Dios, sueno a vieja). Pero he aquí el detalle que me recordó que era Adam quien estaba conmigo en esa cama: pasada la "cuestión" se durmió.

Y empecé a divagar. De nuevo lo mismo, lo de siempre, en vez de aprovechar el tiempo que está pasando conmigo ahora prefiere dormir, qué le cuesta hacer el sacrificio, tampoco es que quiera bum-bang toda la noche, pero al menos que se quede despierto, conversando o qué se yo. Me sentí harta, me sentí cansada de pasar siempre por eso, de siempre tener alguna queja en su contra, de no poder estar satisfecha, sentirme satisfecha, de siempre estar enojada. Tuve un bitch fit.

Desperté a Adam. Él ya sabía lo que se venía y jugó su carta de "te escucho, pero no te escucho". Detesto eso. Me frustré, me eché a llorar, le reclamé no poder llegar a él, no poder hacerle entender que esperaba otra cosa, todo tenía mucho sentido en mi cabeza pero no en la de él. Intentó calmarme fallidamente, la noche terminó horrible, y yo casi-casi termino con él.

Al día siguiente desperté con los ojos hinchados en mi cama (sí, una vez más) y pensando... ¿Todo eso porque Adam se durmió a mi lado?

Es oficial, sigo siendo una drama queen. Tantos años y no he cambiado, que joda.

miércoles, 5 de agosto de 2009

Empatía


Yo siento y duelo por ti. Cuando estás sola, yo estoy a tu lado y tú no me sientes. Miles de veces he pensado tus pensamientos y he sufrido tus sufrimientos. He sobado con tu mano tus heridas, me ha dolido el corazón pues es el tuyo. Cada vez que has llorado, cada vez que has reído, yo he estado ahí, llorando y riendo contigo. Cuando pensaste en morirte, cuando quisiste morirte, cuando sentiste que la única salida era morirte, para acabar con el dolor, para olvidar el olvido y dejar sola a la soledad, cuando te miraste al espejo y te sentiste fea, cuando lo escuchaste hablar y te lastimaron sus palabras, cuando lo odiaste por diez segundos, y luego contaste hasta diez de nuevo y lo volviste a amar. Cuando pensaste que tu amor no era amor, que era obsesión y que lo suyo era amistad, esa que tanto anhelan muchos pero que para ti no es suficiente, pues tú quieres más, pues tú mereces más, pero has llegado a creer que no mereces nada. Cuando sentiste que no eras digna, cuando te sentiste menos que el resto, cuando tu autoestima se fue al piso y tú misma la pisoteaste, pero ya tan pisoteada como estaba, una pisada más no haría tanta diferencia, salvo que la pisada era tuya y tu pie la lastima más que cualquier otro. Imaginaste el futuro y yo también lo vi, metida en tu cabeza, asustándome contigo, temiendo no ser feliz, sintiéndote incapaz de serlo, incapaz de saborear la alegría, incapaz de alcanzarla o de tan siquiera saber cómo hacerlo. Esa vez te encerraste a escuchar canciones punk en tu cuarto como hacías cuando eras una adolescente cualquiera, recordando que en esos tiempos te sentías tan desdichada como ahora, pero con más esperanza, pues cuando eres adolescente todo duele pero todo pasa, sin embargo en la adultez los dolores son serios y marcan la vida, o el futuro, o lo que sea que has autoproclamado como "sin importancia" pero que en realidad sí te importa. Aquí estoy y de nuevo no me ves. Porque ya no tienes ojos para nada, te los arrancaste sola para no ver lo malo que te rodeaba y ahora tampoco puedes ver lo bueno. Pero lo percibes, a veces lo percibes, a veces lo sientes y ves que hay algo más que lo que sentías antes. Tus temores yo los sé, los conozco, los vivo, los temo contigo. Como esa vez que temiste que él no te amara a pesar de que él te dijo que sí, a pesar de que él te levantó en brazos, hundió su cabeza en tu cuello y te pidió que le creas, tú no le creíste, y es que a veces te sientes así, incapaz de provocar amor en alguien, y esa no es su culpa. Tampoco tuya. Como esa vez que habías llorado toda la noche sin saber por qué y te levantaste con más ganas de llorar, y tus ojos estaban deformes e hinchados, y tu mamá te preguntó que pasó, y solo dijiste "nada" y te sentaste a desayunar, y en la mesa todos te miraban pero no te miraban, de reojo, aparentando que el periódico y el perro jugando en el patio eran más interesantes, pero estaban preocupados por ti y tú creíste que se querían inmiscuir en tus asuntos otra vez y se los dijiste, y todos se marcharon y de nuevo te quedaste sola. Y luego en tu cuarto te lamentaste por no tener nadie con quién hablar. Como esa vez que habías tenido una tarde súper junto a él, y luego se despidieron y cuando él se fue te quedaste pensando y pensando, y no podías dejar de pensar, y luego empezaste a deprimirte y a recordar cosas malas, y luego empezaste a odiarte por sentirte deprimida, por no poder dominarte, y luego tiraste todo lo que había en tu cuarto y después ordenaste todo en silencio porque tu depresión es tuya y no quieres que nadie más se entere. Sin embargo sabes que todos lo saben. Por esa vez, hace años, lo recuerdas bien, y esa canción te lo recuerda, esa canción que cuando la escuchas se siente rico porque es rico sentirse hasta las huevas y luego poder salir de eso en un dos por tres. Porque esa vez, hace años, esa vez, casi duermes hasta el mil mientras escuchabas esa canción en tu discman, y luego escuchaste al doctor, y luego una enfermera evitaba que te saques el tubo del estómago por la boca, luego despertaste y no podías despertar bien, y todos te miraban, y los doctores te decían que eras guapa, por qué lo hiciste, y luego despertaste en tu cuarto y papá estaba ahí, y te preguntó si querías ver TV y prendió MTV, tu canal favorito, y estaban pasando esa canción de Radiohead, y te pareció hipnotizante y te volviste a dormir y despertaste tres días después sin noción del tiempo y con una aguja pinchando tu mano. Pero esa vez no fue por él. Sin embargo ayer sí pensaste en él, no por algo en específico, y no solo pensaste en él sino en todo, porque no aguantaste y te dieron ganas de repetir la escena y pusiste esa canción en tu iPod, y recordaste dónde guarda tu mamá las pastillas para dormir, y se te ocurrió, por un segundo se te ocurrió y al siguiente segundo dijiste "no puedo", pero lo dijiste porque ahora muchos dependen de ti y se supone que tú debes ser la cuerda. Pero los psicólogos también pueden ser locos, pensaste. Y te escuché mientras te mirabas al espejo y te miré también, y te dijiste tonta, te recriminaste tu estupidez, y luego te detuviste a pensar por qué lo habías pensado. Y de nuevo te echaste a llorar, y concluiste que necesitas ayuda, pues esto va más allá de él y tú, más allá de ustedes, porque te diste cuenta que no puedes saborear los ratos buenos, que estás deprimida y que ya no confías ni en ti misma. Y no sabes cómo llegaste a este punto. Y lo quieres saber. Y yo sigo aquí, muda testigo de tus dramas.

lunes, 3 de agosto de 2009

Gracias

Este post no será sobre Adam, ni sobre mí. Bueno, tal vez un poco sobre mí. Porque quien ganó fui yo, pero fue gracias a ustedes. Gracias a Gabriela, a Sky, a Ferr, a JM, a BocaDelCielo, a Relax, a Carlos Pun Chong, a Nataly Chavarría, a Cristina G., a Nathy, a Aan'Allein, a Lünátîka, a Multiple, a hadazul, a Xpartan, a Enkriptada, a Dan Gonzalez, a Fresita, a todos los anónimos, y a todos los que quisieron votar pero no pudieron, o no tuvieron tiempo o simplemente se les pasó... igual, gracias!

Y gracias a las Mujeres de Mundo, sobre todo a Fugitiva y a Lara, que fueron las encargadas de contactarse conmigo para hacerme llegar el exquisito polo de Looch.

Besos a todos.

jueves, 30 de julio de 2009

Sobre las relaciones largas...


En el mundo hay más de 6,774 millones de personas. Estamos hablando de 6,774 millones de personalidades distintas, esencias únicas, individuos irrepetibles, características inigualables. Asumiendo el imposible de que esta población mundial esté repartida en 50% hombres y 50% mujeres, todos heterosexuales, estamos hablando de un aproximado de 3,387 millones de parejas con dinámicas propias y separadas del resto, puesto que cada una está conformada por un hombre y una mujer distintos a los demás. Por lo tanto, si cada pareja tiene su propia dinámica, entonces cada pareja tiene sus propias reglas. Lo que funciona para unos, puede no funcionar para otros. Para explicar mi punto, me voy a los polos.

Por un lado tenemos a la típica pareja contemporánea; ella es fiel, él es fiel, se entregan el uno al otro de manera exclusiva, y el solo hecho de pensar en otras personas les parece repulsivo, condenable, imperdonable... la infidelidad no es una opción; él jamás miraría a otra, ni ella a otro... tan siquiera pensar en eso los hace sentir cochinos y malvados, ni en pensamiento se atreverían a herir al ser amado de tal manera. Y por otro lado tenemos a los swingers; disfrutan viéndose el uno al otro en arrumacos con un tercero, la noción del sexo que poseen está completamente separada del amor, y no creen en políticas exclusivistas, al contrario, la idea que tienen de "querer lo mejor para el otro" se ha visto extendida con "incluso si lo mejor no soy yo".

Luego tenemos a otra pareja de las que hay por ahí; se llaman entre sí "amorcito", "puki", "muñecote", "bomboncito"... cuando ella se enoja, él le trae flores y chocolates, y se arrodilla pidiéndole perdón; cuando él se enoja, ella le prepara su cena favorita y lo espera con la mesa servida, mientras sostiene una copita de vino parada en la puerta de la casa, esperando a que él llegue... hacer el amor es todo un ritual para ellos: él esparce pétalos de rosa sobre la cama, ella prende velas, ambos se acicalan y perfuman hasta borrar toda evidencia de olor humano de sus cuerpos... ¡y ay si alguno le levantara la voz al otro! un silencio incómodo invadiría la casa por semanas. En la otra esquina tenemos a nuestros aficionados al S&M; para ellos el sexo es guerra, sudor, cadenas, vendajes, latigos e insultos... ella quema sus camisas a propósito, para que él le reclame, para que él la tome por las muñecas y la grite, la samaquee, la tumbe en la cama, la amarre a ella y la haga suya... él recorre la casa buscando imperfecciones, y luego le pregunta quién es el jefe, le exige que diga por favor, que pida perdón, que le implore, que le diga que no hay hombre más viril que él.

Y finalmente, aquella pareja que esperó y esperó... ella tenía fuertes creencias al respecto, así que le pidió a él que espere, y él esperó... y esperó... y esperó... el día que se casaron, él ya tenía las pelotas a punto de reventar, pero se sentía orgulloso de haber sabido cumplir con lo que ella le había pedido, y de poder tomar a su esposa en la cama con todas las de la ley... ella, por su lado, se sintió más virginal que nunca llegando al altar vestida de un digno blanco, y pensando pícaramente que su noche de bodas sería inolvidable mientras aún estaba en misa. Su contraparte: Adam y yo... ¿esperar? ¡nada! nuestra primera vez fue cuando teníamos poco menos de dos meses de relación, a los 17 años... total, hay más que esperar de un matrimonio que sexo.

Repito: cada pareja tiene sus reglas. Cada pareja tiene su propia dinámica, su propia manera de funcionar. Lo que pasó con una pareja no necesariamente va a pasar con otra, así que ¿sirve de algo dar consejos del tipo "a mí me pasó"? No. Al menos conmigo, no.

Los expertos hablan una y otra vez: "yo estuve en una relación larga y ahora estamos felizmente casados", "yo estaba por casarme con mi novio de años pero me separé y me casé con otro", "la amiga de una amiga de la prima de mi vecina estuvo muchos años con el mismo chico y luego se enteró que era gay", "mis papás se casaron a los dos meses de haberse conocido y ahora se van a divorciar"... casos hay miles, parejas hay miles, consejos hay miles. Nadie es el gurú en estos casos, la única regla es que no hay reglas, y el requisito para que una pareja funcione bien es solo uno: sincronía.

sábado, 25 de julio de 2009

Paz y amor


Domingo: Invité a Adam al cine. Llegó tarde a verme y no alcanzamos la función. Nos vimos forzados a esperar a la siguiente, que era tres horas después. Dimos vueltas por el centro comercial, nos frustramos por el aburrimiento. Nos peleamos. Me subí en un taxi y regresé a mi casa. Y de nuevo no vi Transformers II.

Lunes: Hoy no vi a Adam. Tal vez está molesto porque me fui ayer y lo dejé solo en el centro comercial. No me importa, yo tampoco tengo ganas de verlo. He tenido el celular apagado todo el día, me fui de compras con mamá para distraerme un poco. Al llegar a casa prendí el celular. Adam no había llamado.

Martes: Adam me mandó un correo en la mañana preguntándome qué me pasa. Que si estoy con la "cabeza caliente" por algo o alguien. Le dije lo que me pasaba. Le dije que estaba harta de que nos lleváramos así. No respondió. En la noche vino a verme. Le pregunté qué pensaba de lo que le había enviado, me dijo que estaba bien, que debíamos aprender a llevarnos mejor. Luego lo hicimos en el mueble de la sala.

Miércoles: Invité a Adam a cenar. No quizo, no tenía hambre. Pero yo sí, le dije. Ordénate un delivery, respondió. No era la idea, yo quería cenar con él, pasar un rato agradable. Pero también tenía hambre. Pedí una hamburguesa francesa y Adam le dio una mordida. Se comío todos mis champiñones.

Jueves: Segundo intento de invitar a Adam a cenar. Esta vez propuse un chifa. Tampoco quizo, estaba cansado. Al intuir mi incomodidad, empezó a llenarme de explicaciones. Luego intentó ser él quien me invitara a cenar. Pero yo ya no quería, ya estaba de mal humor así que preferí pedirle que se fuera. Se fue.

Viernes: Adam me acompañó a la boda de quien fue mi mejor amiga en la infancia. Sí, otra boda más. Me pasé la noche pensando en cuán lejos estamos Adam y yo de llegar a eso. En lo mal que nos llevamos. En lo poco que nos divertimos cuando estamos juntos. En cuán no-enamorados se nos veía. Se me arruinó el humor, se me arruinó la noche. Y también la de Adam. Discutimos por una tontería X, yo ya no quise bailar, Adam me pedía que al menos disimule... no podía, quería salir de ahí. Vino a dejarme a casa, y se marchó. Intenté llamarlo, no sé por qué. Primero no quizo contestar, luego contestó para decirme que no quería hablar de nada, y finalmente me colgó y apagó el celular. Me puse a llorar. No sé por qué.

Sábado: Me desperté tarde, pasada la hora de almorzar. Revisé mis correos, Adam me había escrito...

From: Adam
Sent: Saturday, July 25, 2009 2:38 PM
To: Lo

No me respondas ya que no quiero hablar de nada en este momento, pero me pareció un artículo que nos puede sonar familiar: "Esta relación no me trae paz" .

Le di clic al link, leí el artículo. Y ahora no sé qué pensar.

sábado, 18 de julio de 2009

Caso de estudio


Al principio, Rochi no era una de mis personas favoritas. Sus constantes risotadas y cerebro unineuronal enervaban mi supuesta intelectualidad. No podía soportar más de cinco minutos con ella cerca, pero tenía que hacerlo: su novio Edu era amigo de Adam. Y la verdad, hacían buena pareja: huecos, pseudo-fashionistas, desubicados, inmaduros... eran una desafortunada antítesis de lo que Adam y yo aspirábamos a ser. Con Edu podía ser más tolerante, al menos era gracioso el tipo. Pero con Rochi no podía (no podíamos): cada vez que reía sin parar por cualquier tontería, cada vez que hablaba de como combinar lentes de sol con ropa de verano, cada vez que adoptaba una pose de niña pequeña para que Edu le compre algo, cada vez que relataba cómo se pasaba el día durmiendo, o viendo TV, o pintándose las uñas, quería arrancarme ojos y oídos para no tener que percibirla cerca (también habría tenido que arrancarme la nariz, para no oler su invasivo perfume).

Con el tiempo y gracias a tantas doble-citas forzadas, pude descubrir el lado bueno de Rochi. No era tan mala después de todo, se podía conversar largo y tendido con ella y no aburrirse (claro, una vez superadas las ansias de salir corriendo de ahí), podía guardar bien un secreto, fue mi gran cómplice más de una vez, brindaba ayuda a quien lo necesitara y tenía un buen corazón.

Sin embargo hubo un defecto que jamás pude perdonar en ella: era una mujer sin mundo. Rochi no trabajaba (el último trabajo que tuvo le pareció "demasiado exigente" así que renunció, pese a cuánto le había costado a Edu convencer a Adam de que la recomendara), no estudiaba (estaba matriculada en una universidad cuchifacienta en un programa a distancia al cual nunca asistía a pesar de que las clases eran solo los sábados y domingos), no tenía ningún pasatiempo digno (no le avergonzaba admitir que dormía todo el día o se la pasaba encerrada en su cuarto con el tele encendido depilándose, probando distintos estilos de maquillaje, hablando por teléfono, etc) y todo, absolutamente todo se lo pagaba Edu: el gimnasio, los gustitos, las salidas, las visitas al doctor, al dentista, la ropa... todo.

Me era imposible tenerle respeto a Rochi al 100%. En algún momento llegué a pensar que tal vez le tenía envidia, después de todo (y dejémonos de tetudeces) a qué mujer no le gustaría llevar una vida tan fácil y despreocupada. Pero luego, pensando más consecuentemente, pude predecir con certeza lo que a Rochi se le estaba por venir.

Rochi se quería casar y ya. Edu, no tanto. Trató de postergarlo lo más que pudo hasta que un día y gracias a un test de embarazo no pudo decir más "el próximo año, amorcito". A nadie le extrañó que esa fuera la forma en la que finalmente terminaran atando el nudo, y más de uno sospechó que quizás Rochi había puesto gracia en la jugada antes de que se le fuera el tren. No hubiera sido nada raro en ella, para ser sincera, pues sus ansias por casarse eran evidentes, hasta el punto de poner ultimátums frente a todos o pelearse en público con Edu por esa razón.

Así Rochi pasó, de manera forzada, a formar parte de una familia que no le tenía respeto por la misma razón que yo. Para ellos, esa rola de "no has perdido un hijo, sino has ganado una hija" no sonaba tanto como "no has perdido un hijo, aún lo tienes, y ahora viene con una sangrona de regalo". Rochi y Edu se mudaron al segundo piso de la casa de los papás de él, quienes aceptaron a la recién formalizada parejita con el gusto de quien se entera de ese cáncer inoperable que no te matará, pero te hará retorcer de dolor de vez en cuando.

La tensión se podía cortar con un cuchillo en el ambiente esas primeras semanas. Rochi, con su imaginaria superpanza de tres meses de embarazo, se negaba a mover un dedo en casa mientras Edu iba a trabajar, y las fricciones entre ella y su suegra no eran expresas, pero sí una bomba a punto de explotar. Rochi no se paraba ni para tender su cama. Y luego, cuando la panza realmente creció, sus imaginarios malestares eran innumerables, y llamaba cada cinco minutos al trabajo de Edu para quejarse, quien, ciego enamorado, se peleaba con su mamá por no brindar los cuidados que su frágil esposa requería. Era una situación para morirse. Luego nació el bebé. Y con él, las ganas de Rochi de volver a socializar. "Ahora ya puedo" decía sin reparo alguno, mientras entregaba el bebé a Edu con una carita de puchero para que bajara a pedirle a su mamá que lo cuidara mientras ella iba a tomar un café con sus amigas. La abuela chocha no podía decir que no, y de nada hubiera servido, pues Rochi era inmune a cualquier mirada recriminatoria. Las peleas entre Edu y Rochi empezaron a hacerse más frecuentes. Edu no estaba dispuesto a tolerar más, y Rochi no sentía estar haciendo nada malo. Edu puso las cartas sobre la mesa: o funciona o no funciona, y como soy yo quien paga por todo, funcionará a mi manera. Rochi aceptó.

Hace algunos días viajamos a visitar a Edu y Rochi después de casi un año sin verlos y de una mera comunicación por Internet. Lo que vi me impactó. De la chica fashion que conocía no quedaba nada: una mujer engordada, mal vestida, desaliñada, sucia, despeinada, ojerosa y con la cara grasienta salió a saludarme con la misma voz de niña hueca que recordaba. Pude verla en su papel de ama de casa, que más parecía sirvienta de Edu por como éste le hablaba. Recibía órdenes sin "por favor" incluído, corría de aquí para allá atendiendo al bebe, levantando platos, trayendo limonada a los invitados, buscando lo que fuera que Edu le pidiera, y en más de una ocasión, fue muda víctima de las bromas de Edu, quien se burlaba de su falta de instrucción y su poca esperanza de algún día obtenerla. Si se le hacía una pregunta, Edu la interrumpía o respondía por ella. Horrizados, no atinábamos a adaptarnos a esa nueva situación, ni a reaccionar de una y otra manera ante lo que veíamos: eran tan distintos, eran tan patéticos los dos.

Ese día fue mi epifanía. Ese día recibí mi vacuna. Tiempo al tiempo, es mejor hacer las cosas con calma para que salgan bien, sobre todo si van a durar tanto como una vida entera, o si las consecuencias de que salgan mal pueden ser tan catastróficas.

jueves, 9 de julio de 2009

Sí, hoy tengo PMS

Recuerdo haber escrito sobre esto antes. Y lo recuerdo porque lo acabo de leer. Recuerdo cómo mi opinión era distinta, cómo yo pensaba en otras cosas hace no mucho tiempo. Recuerdo la ilusión, el miedo, la idealización de vivir ese momento, con una nota de desesperación porque no se veía venir. Lo que no recuerdo es cuándo todo es cambió.

Tengo dudas. Muchas. Estoy cansada de tenerlas pero las tengo. Mis dudas se han vuelto en mi escudo protector, aquel que impide que nada me lastime, que previene que alguna espada malévola pinche mi corazón tan reparado y reabra alguna vieja cicatriz o desenmiende alguna costura reciente.

Adam tiene tantas cosas que no me gustan, que en mi calidad de enamorada las puedo dejar pasar, pero que como esposa no podría. Y esa es mi gran preocupación. ¿Y si Adam y yo no somos el uno para el otro? ¿Y si lo único que nos une es el tiempo y energía invertidos en la relación? ¿Y si el amor no nos alcanza para sobrevivir los batallazos de un matrimonio? ¿Y si eventualmente nos llegamos a cansar el uno del otro, o despertamos un día para darnos cuenta de que casarnos fue un error? ¿Y si terminamos engendrando pobres víctimas de nuestra inconsistencia, testigos involuntarios de nuestras supernóvicas peleas?

En poco más de diez años he llegado a conocer a Adam en muchos aspectos, tanto buenos como malos. Pero últimamente solo puedo pensar en los malos. Sé que los buenos están ahí, los veo a veces, los siento a veces, me hacen sonreír a veces. Pero "a veces" ya no es suficiente. Yo quiero "siempre".

Adam es adicto al trabajo. Sale tarde de la oficina porque prefiere quedarse trabajando que hacer otra cosa. El dice que es porque tiene asuntos pendientes, yo digo que simplemente le gusta trabajar. Supongo que esto debería ser un punto a su favor... un chico trabajador, qué más querría una. Pero cuando estás sola en casa, esperando sentada junto a una cena fría a que llegue el que te prometió amarte hasta la vejez, el workaholismo ya no suena tan agradable. Mucho menos si eso es causa de su cansancio eterno. Adam siempre está cansado, siempre, y cuando no lo está, quiere "relajarse", entiéndase, tirarse frente a la TV sin hacer nada divertido más que zanganear. Y como buen zángano, espera que le traigan todo y no mueve un dedo para nada. Y (aquí viene la queja fuerte) como buen zángano, pareciera que pierde su aparato genital después de la cópula y muere, pues después de una ya no quiere nada más que dormir (¡cómo extraño nuestras épocas de siete veces al día!).

Adam no se divierte conmigo. Cuando sus amigos están cerca, conversa, toma, se relaja, ríe, hace bromas, baila... es Mr. Social Life en persona. Cuando sale conmigo (en el excelso caso de que haya querido salir) habla de su trabajo y de su trabajo, una y otra vez, de gente que ni conozco, de asuntos que ni entiendo, bla bla bla... No quiere bailar, prefiere no tomar, no bromea, no se relaja, terminamos peleando del aburrimiento y cada uno termina a un extremo del taxi mirando por la ventana cómo se divierte el resto y rumbo a casa. Digamos que estoy siendo injusta, digamos que debería agradecer porque le interesa compartir conmigo todos, toooooodos los aspectos referidos a su trabajo, pero si hablamos de justicia, lo justo también sería que él escuchara sobre el mío. Y la verdad hace tiempo dejé de contarle a Adam cosas referidas a ello. Me cansé de ver su mirada al vacío cuando le hablaba, de que esperara a que terminara de hablar para empezar con lo suyo, de que me preguntara una y otra vez quién es tal persona que le he mencionado miles de veces, que minimizara cualquier problema que hubiera tenido con alguno de sus consejitos prácticos. Ahora cuando me pregunta qué tal me ha ido, contesto "Bien" y eso le basta.

Adam pretende no controlarme, es más, casi logra que crea que no lo hace. Pero sí lo hace, aunque lo disimule muy bien. Siempre quiere saber en dónde y con quién estoy, pero lo averigua de manera tan sutil que hasta pareciera que no le importa. Y no, no es que él trate de respetar mi espacio... ¡no! lo que en realidad trata es que yo no invada el suyo. Adam se mueve por la ley del espejo; no le hagas al otro lo que no quieres que te hagan. Si no quieres que te controlen, no la controles. Su anhelo de independencia me tiene enferma. No sé cómo hacerle entender que no me importa si sale con sus amigos, no me importa si se va a jugar un partido, no me importa si salen por unas chelas, solo hay dos cosas que me importan: uno, que no me deje plantada por irse con ellos, y dos, que si hay algo que contar, que me lo cuente. No me gusta quedarme esperando en la noche a que él llegue para después recibir su llamada de último minuto avisándome que no va a venir, y no me gusta enterarme por otras personas que lo vieron en tal sitio haciendo tal cosa y con tal y tal personas.

Podría seguir y seguir, pero no quiero amargarme la noche pensando tanto. He descubierto que hacerlo sin supervisión me puede hacer mal. Hay muchas cosas que me disgustan aparte de las ya mencionadas: su familia, sus amigos idiotas, su falta de tiempo para mí, su indiferencia... no sé, mientras más me releo, empiezo a sonar más como la típica enamoradita idiota que quiere al chico solo para ella y para nada ni nadie más. ¡Pero no es eso!

¿Será que me quejo demasiado? ¿Será que me he vuelto pesimista y solo estoy viendo lo malo? ¿Será que todo lo que veo es una señal de algo? ¿De que Adam no me ama? ¿De que ya no lo amo yo? No, yo tengo amor, eso lo sé, es algo que se siente y se vive, pero ¿qué pasaría si algún día se me acaba? ¿o si se la acaba a él? ¿por quién temo realmente?

Podría discutir todo esto con Adam... ya puedo predecir los consejos: habla con él, convérsenlo, explícale tus dudas, él te va a escuchar. No lo va a hacer. Pretenderá que lo hace, o quizás ciertamente lo haga, pero el cambio le durará una semana y luego será todo lo mismo. Ya hemos hablado de esto antes, mil veces, y ya no tengo fuerzas para hacerlo de nuevo, y solo me queda mi blog, mi fiel blog donde puedo descargar mi frustración y temor con la confianza de quien baila desnudo en su propia casa. Adam y yo no sabemos pelear, no sabemos conversar, ni discutir, no sabemos entendernos, en diez años no hemos sabido y quién dice que algún día aprenderemos.

Y así uno no puede ni soñar con matrimonio. Tal vez el que Adam aún no me lo pida oficialmente no sea tan malo después de todo.

martes, 30 de junio de 2009

El hijo que nunca tuve

No recuerdo quién lo dijo, pero escuché una vez, y luego de esa otras varias, que uno busca de pareja a alguien que se asemeje al progenitor del sexo opuesto. Entiéndase, las mujeres buscamos a alguien como papá, y los hombres a alguien como mamá. Por supuesto que esta afirmación genera varias cuestiones difíciles de resolver, por ejemplo, ¿si mi papá me pegaba, buscaré a alguien que me pegue? ¿y si murió y nunca llegué a conocerlo, a quién buscaré? ¿y si soy gay, buscaré a alguien como mi madre? En fin. A pesar de tantas interrogantes que nacen ante esa hipótesis, hoy logré comprobar que tan incierta no es.

Adam y yo nos dimos una escapada de la ciudad. Un fin de semana tranquilo, encerrados en un hotel con jacuzzi, champagne, velas, una amplia cama, servicio a la habitación... no necesitábamos más. Fue relajadísimo pasarla juntos, un alimento que nuestras almas ansiaban desde hace tiempo. En fin, dentro de todas las anécdotas que podré contar, hubieron algunas que llamaron mi atención:

- Adam solo come acompañado. Puedo haber terminado de comer antes que él, pero siempre insistirá en que lo acompañe hasta que sea él quien termine. Ustedes dirán "esto es normal", pero aquí viene la parte friky: si por alguna razón me levanto de la mesa, automáticamente se le irá el hambre. Y si me vuelvo a sentar, mirará el plato como pensando "bueno... aún tengo espacio para un poquito más", y seguirá comiendo. Es de locos.

- Adam no empaca ni desempaca. Su maleta permaneció empacada mientras estuvimos allá; iba sacando cosa por cosa de ella a medida que las iba necesitando (y cada cosa que sacaba se perdía en el limbo de la habitación). En un momento de compasión (y un poco de desesperación) me ofrecí a desempacar su maleta, pero se negó. "Así está bien, yo me las arreglo". Para cuando acabó el fin de semana, en su maleta ya no quedaba nada, todo estaba regado a su alrededor, así que Adam simplemente se limitó a embutirlo todo nuevamente en ella y declararse listo para partir.

- Algunas cosas para las que Adam está mentalmente incapacitado: planchar, colgar toallas, encontrar su propio zapato, recordar dónde dejó sus llaves, ver TV acompañado, colocar la ropa sucia separada de la limpia, recoger algo del piso, despertar sin ayuda.

- He aquí otro dato extraño sobre Adam: si se le pide que tienda la cama, le da sueño y se echa a dormir en ella. Y no, no pretende que le da sueño, pues se quedará dormido, literalmente.

Todos los hombres se comportan como niños, incluso cuando ya han tenido uno. Todos. Absolutamente todos tienen algo, un rasgo, un hábito, alguna característica que resaltará su lado infantil en ellos, y el maternal en nosotras. No me quejo, me parece esa mezcla de tierno y gracioso que los gringos llaman "cute", sobre todo esta: cuando estábamos de salida, Adam me llamó desde la puerta para que me apurara. ¿Saben lo que se le escapó decirme?

¡MAMÁ!

(¿Alguien me puede explicar cómo tendré sexo con él después de eso?)

sábado, 27 de junio de 2009

¡Salud!

Por los hombres...

Por los que mal pagan (pero bien cobran)...

Por los que ya no están...

Por los que se fueron...

Por los que echamos...

Por los que nos echaron...

Por los que aún siguen aquí...

Por los que ya hasta estorban...

Por los que nunca llaman...

Por los que llaman todo el tiempo...

Por los que apagan el celular cuando salen con sus amigos...

Por los que se acuerdan de nosotras cuando están borrachos...

Por los que nos llaman cuando están calientes...

Por los que nos dieron un beso y luego se disculparon...

Por los que nunca nos dijeron ni un mísero "te quiero"...

Por los que nos presentaron ante su mamá como "una compañera de clase"...

Por los que se olvidaron de nuestro cumpleaños...

Por los que ven porno cuando estamos durmiendo...

Por los que siempre escogen qué película (de acción) ver en el cine...

Por los que comen de nuestro plato...

Por los que usan nuestro cepillo de dientes...

Por los que orinan en la tapa del toilet...

Por los que orinan en la ducha mientras se bañan...

Por los que dicen otro nombre durante el sexo...

Por los que son inmaduros a los 30...

Por los que se tiran pedos en la cocina...

Por los que se sacan mocos mientras almuerzan...

Por los que idolatran a su auto y hasta le ponen nombre...

Por los que prefieren jugar playstation un sábado por la noche...

Por los que siempre andan ocupados...

Por los que no son capaces de conseguir trabajo...

Por los que nos lastimaron pero "no quisieron hacerlo"...

Por los que nos fueron infieles...

Por los que la tienen chiquita...

Por los que dicen tenerla grande...

Por los que no se les para...

Por los que nos piden que hagamos dieta...

Por los que deberían hacer dieta...

Por los que necesitan levantar pesas...

Por los que dicen que van a llamar pero no llaman...

Por los que se van de viaje "a última hora"...

Por los que prefieren estar con sus amigos que contigo...

Por los que tiene a una mejor amiga mujer a la que le cuentan más cosas que a ti...

Por los que descubrieron ser gay gracias a nosotras...

Por los que te cuentan sus planes de vida con entusiasmo, sin mencionarte en ellos...

Por los que le tienen miedo al compromiso...

Por los que siempre llegan tarde...

Por los que nunca notan si te arreglaste...

Por los que se gastan su sueldo en ropa...

Por los que regalan peluches en cada cumpleaños...

Por los que se van solos de viaje...

Por los que detestan las peleas pero siempre las andan cagando...

Por los que no nos dicen dónde están...

Por los que siempre dicen "Te amo", pero no lo parece...

¡A por ellos!

domingo, 21 de junio de 2009

La niña de papá

Esta es la primera foto que nos tomamos papá y yo. Hace más o menos 27 años. Según cuentan, sentadita en mi silla para comer me había echado a llorar de la nada. No tenía hambre. No tenía gases. Mi pañal no estaba sucio. No hacía calor ni frío. No era hora de la siesta. Papá vino al rescate y me cargó. Y dejé de llorar. Solo quería estar en sus brazos. Nada más.

Desde siempre, Adam ha pensado que esa foto significa el inicio de una era: la de mi engreimiento. Tu papá te arruinó para el resto de los hombres, dijo una vez entre broma y broma. ¿Será cierto? Y es que, a pesar de estar enamorada como lo estoy, no hay hombre que se compare a mi papi. Por mil y un razones: para él soy la chica más linda del planeta, siempre es tierno conmigo, me escucha cuando tengo algún problema, me ayuda cada vez que se lo pido, es gracioso, sabe cómo subirme los ánimos cuando andan algo caídos, no repara en gastos cuando ve que me hace falta algo, cada alegría mía la hace suya, lo mismo con las penas, nunca me miente, nunca me haría daño y siempre, siempre está ahí para mí. Sin que le haya importado el paso de los años, mi papá siempre ha sido mi papá, y yo siempre seré su "ñaña"... así es como siempre me ha llamado.

Contrario a lo que yo hubiera esperado (querido) nunca se ha puesto de mi lado cuando he tenido algún problema con Adam, cosa que sí hizo mi mamá, por ejemplo. Él siempre ha sido la voz de la razón. Con la típica política masculina de "analizar las cosas con la cabeza fría", muchas veces actuó de arbitro en nuestras peleas, y con eso, me salvó de cometer homicidio en más de una ocasión.

Miro a Adam y veo tanto de mi papá en él. ¿Será que busqué alguien igual? Ambos son carismáticos, amigables, trabajadores, amables, tercos, sosegados, pacifistas, pacientes, ambos me aman y se preocupan por mí. Tienen incluso costumbres tan parecidas: disfrutan de una tarde tranquila en casa, les gustan las mismas películas, hablan sobre los mismos temas, escuchan la misma música, visten sobriamente, me riñen de igual manera, se contentan con un buen almuerzo, se entretienen con un buen libro y juegan ajedrez. Tal vez Freud tenía razón después de todo.

Cuando papá conoció a Adam juro odiarlo eternamente. Pero son demasiado compatibles para llevarse mal. Ahora se resigna a pronto tener que dejarme en sus manos. Así es la vida, papá.

Jag älskar dig, pappa. Denna skrift ägnades åt dig. Du är den bästa pappa i världen. Grattis på Fars dag!

sábado, 13 de junio de 2009

Bueno, malo, jodido

Bueno: Tu novio te viene diciendo que se quiere casar contigo.
Malo: Desde hace diez años.
Jodido: No tienes idea de cuándo lo dirá en serio.

Bueno: Tú y tu novio están construyendo una casa juntos.
Malo: Aún no sabes cuándo vivirán en ella.
Jodido: Él te dice que no sería mala idea venderla.

Bueno: Tu novio quiere hijos.
Malo: En un futuro.
Jodido: No muy próximo.

Bueno: Tu novio tiene un anillo de compromisos para ti.
Malo: Lo compró hace años y aún no te lo ha dado.
Jodido: Probablemente ya no te quede.

Bueno: Sabes que tu novio pedirá tu mano en algún momento.
Malo: Sospechas que no será pronto.
Jodido: Empiezas a acostumbrarte a la idea de que no lo haga.
Recontra jodido: La idea ya no te parece tan mala.

lunes, 1 de junio de 2009

Actualizando el iPod

Cuando era pequeña me encantaba Michael Jackson. Podía ver el video de Thriller una y otra vez y aún así encontrarlo fascinante. Cantaba a coro la letra de Bad como si fuera una de la pandilla. Ponía Beat It a todo volumen. Me moría por ser una de los niños en Smooth Criminal. Y cuando salió la película, corrí al cine de inmediato a preguntar cuándo la estrenaban en Piura (la dieron en la tele antes que eso pasara). Lo seguí durante buena parte de su trayectoria, hasta que empezó a parecerse menos a un hombre negro y más a una mujer blanca, luego menos a un ser humano y más a un frikazoide; para cuando empezaron a gustarle los niños pequeños yo lo seguía solo en recuerdo.

También me gustaba Gloria Trevi. Zapatos Viejos era mi himno. Pelo Suelto no lo era, pero traté de que lo fuera, a pesar de tener a mi madre corriendo con peines detrás de mí. Doctor Psiquiatra no lo fue en su momento, pero la recordé con nostalgia en alguna etapa compleja de mi vida. También vi la película, sé que hubo más de una, pero solo vi esa en la que ella estaba encerrada en un convento o en un colegio de monjas, algo así. Luego hubo un escándalo relacionado también a abuso de menores (que rollos esos...) pero para ese entonces, yo ya escuchaba a los Guns.

Me empezó a gustar Guns'n Roses, como a muchos, por el video de November Rain. Por alguna morbosa razón, me parecía extremadamente romántico ver a un tipo llorar por su novia muerta y ponerle flores negras en su tumba. La guitarra de Slash... ni qué decirlo, era lo máximo. Me embalé en un auto escuchando Welcome to the Jungle a todo volumen una vez (sí, soy de esas que conducen con "soundtrack"), lloré con Don't cry (irónico), silbé Patience, y quise aprender guitarra con Sweet Child'o Mine. Vi en video el concierto en Tokyo junto a mis primos, también Gun-adictos, con el cuarto a oscuras alucinando que estábamos ahí. Luego vinieron los pleitos y los problemas, el alcohol, las drogas y los egos inflados.

Nirvana es una leyenda, y yo la viví. La primera vez que los escuché fue en el Unplugged y fue místico. No los había escuchado nunca antes, pero con la primera canción me conquistaron, y boquiabierta no parpadeé en lo que quedó del concierto. Fue una vibra mágica, algo que a tan corta edad jamás podría haber vivido, y que jamás viví los años que vinieron después. Espero algún día volver a sentir algo igual. En los meses siguientes me volví una adicta a ellos, sobre todo a Kurt. Investigué todo sobre él, y llegué a saber cosas que tal vez ni su madre sabía. Me compré todos los discos, aunque el primero no me gustó tanto, fotos, videos, polos, manuscritos, entrevistas, todo. En abril del 94 pude agregar el reportaje sobre su muerte a mi amplia y ahora inútil colección. No, no creo que se haya suicidado.

Me consolé con Pearl Jam. También buenos, también de Seattle. Identifiqué a uno de mis compañeros de clase con Jeremy, y le tuve miedo cuando pasó lo de Columbine. También me embalé en auto con Do the Evolution. Me fumé un pito con Off he goes. Y ahora espero que vengan a Perú.

Escuchaba a Alanis Morissette en mi etaba de lesbianismo no definido. You oughta know... se la dediqué a un ex (sí, hombre). Perfect... se la dediqué a mis padres. Ironic... me la dediqué a mí misma. La sigo escuchando hasta hoy, su voz es simplemente perfecta.

Blind Melon, Cramberries, Counting Crows, Coldplay, Líbido... no soy metalera, pero me gustan los ritmos fuertes y sin sentido. Disfruto de una buena canción, bien cantada, bien gritada si es posible, un soundtrack para mi vida, para cada momento, para cada emoción que en mi caso siempre son extremas. Un buen acompañamiento musical que retumbe habitaciones.

Pero anoche, Adam me embobó con Drexler, Sabina y Arjona. Se vienen tiempos más tranquilos.

Aquí las canciones:








lunes, 25 de mayo de 2009

No eres tú, soy yo...

En una relación siempre hay peleas. Siempre. Es imposible esperar que dos personas distintas, individuales, únicas e irrepetibles, con pensamientos distintos, provenientes de mundos distintos, con visiones distintas de la vida y, para remate, de sexos distintos (no es que los gays la tengan fácil) concuerden con todo. Si así lo fuera, uno de los dos está fingiendo, o se está aguantando las ganas de salir corriendo y escapar de esa relación aburrida y monótona. Todas las parejas persiguen ese mismo fin: no pelearse. Pero si a la larga todas lo hacen, la idea sería no alarmarse, pues es de lo más normal. No, pelearse jode.

¿Por qué nos andamos peleando Adam y yo ultimamente? Por una nueva y recién aparecida razón: en los últimos días (semanas) Adam se ha mostrado mentalmente incapaz de contarme por dónde anda, con quién sale y qué hacen. Momento. Antes de que me tilden de controladora déjenme explicarles algo: no le pido que haga la popular "marcación de tarjeta", simplemente que me lo cuente, ¿por qué no? No digo que me tenga que rendir cuentas de todo lo que hizo cuando no estuvo conmigo, basta con que me converse de ello, ¿es mucho pedir?

Imagínense esta escena: tu novio, a quien quieres y adoras mucho, se queda una noche en casa porque estás enferma. Te cuida, te alimenta, te mima, te da tu medicina, te quedas dormida, se va a su casa. Pasan los días y te encuentras con una amiga: oye, la vez pasada vi a Adam en la disco. Diablos. Y qué roche preguntar qué estaba haciendo, eres la novia, tienes que actuar como que ya lo sabías, pero en el fondo no tenías ni idea y realmente quieres saber qué estaba haciendo. Ah sí, se fue a relajarse un toque con los amigos, seguro que lo viste bailando como trompo jejeje (sonrisita estúpida). No, nada que ver, estaba sentando con dos amigos tomando un par de chelas y de ahí no se movieron toda la noche. Ok, falsa alarma, Adam se sigue portando bien, eso es bueno, supongo. PERO ENTONCES POR QUÉ FUCK NO ME LO CUENTA.

Segunda escena: tu novio te llama, no te puedo ir a ver hoy, ha llegado un amigo de Chiclayo y me ha dicho para reunirnos y salir a tomar un trago. Ok baby, anda, salúdalo de mi parte, que la pasen bonito, ya nos vemos mañana. Pasan los días y una tarde recibes un mensaje en tu correo: una antipática amiga de Adam (de esas que conoces solo de "hola") te ha mandado unas fotos de esa noche para que se las reenvíes. En la foto: Adam, su amigo y la chica en cuestión. Había una chica ahí, ok, no hay problema, pero tú pensabas que la reunión era solo de hombres y por eso ni siquiera te molestaste en querer ir, pero si había una chica entonces pudiste haber ido sin haber sentido que ibas a interrumpir conversaciones masculinas, pero Adam no había dicho nada. No mencionó lo de su antipática amiga ni antes ni después. Y tú te enteraste por una foto que ella te mandó, lindo. POR QUÉ FUCK NO ME LO CUENTA!!!

Y bueno, aquí viene el análisis: ¿estoy haciendo problemas por las puras? ¿está todo en mi cabeza o tengo razón? Sé que puedo parecer una control-freak, pero nada que ver, no es que quiera saber uno y cada uno de los pasos de Adam por este mundo, pero sí sería mejor enterarme por él y no por terceros, eso es incómodo, eso es lo que jode. Sin embargo, Adam piensa que sí lo quiero controlar, que sí lo quiero mantener marcado, que tal vez no confío en él, y trata de levantar su bandera de la libertad lo más que puede. Al final, él siente que se le caerá un testículo si me cuenta dónde anda, que será menos hombre por permitir que yo lo mantenga chequeado. Qué ridiculez.

¡Yo no hago eso! (¿o sí?)

domingo, 17 de mayo de 2009

Madre primeriza

Tengo dos perritas que adoro. Blue y Muffin. Ambas con historias que pudieron ser muy tristes de no ser por la intervención divina que las hizo llegar a mis manos.

Blue es hija de un padre callejero y una madre con pedigree. La abuelita de Blue, osea, la dueña de su mamá, no quería crías chuscas en su casa. Así que las regaló a quien quisiera llevárselas. Pero nadie quería a la pobre Blue, y su abuela ya estaba considerando llevarla a dar una larga visita al río metida en un saco de papas. Cuando nos enteramos, salimos al rescate y nos la llevamos a casa.

Muffin nació en la calle, al costado de un taller mecánico. Su mamá era una perrita flaquísima y sarnosa, que se alimentaba de lo poco que encontraba en los basurales, y apenas podía cuidar a su camada. Un día recibí una llamada de un tío, quien solía llevar su auto al taller cercano a la guarida de Muffin; uno de los cachorritos había muerto atropellado por un taxi, y los otros yacían llorando al costado de su mamá, convaleciendo de hambre. Corrimos al lugar que nos indicaron, sedamos a la mamá para que muriera sin dolor y llevamos a los perritos a un albergue de animales. Todos estaban muy maltrechos, pero la peor era Muffin; las pulgas la habían succionado casi por completo, estaba anémica, y apenas se podía mover. Después de dos largos días de rehabilitación, pudimos lograr que se salvara. Al ver esa tierna colita moviéndose mientras caminaba hacia a mí, decidí llevármela a casa y presentársela a Blue. Se hicieron amigas de inmediato.

Hace dos días se enfermó Blue. Vomitó temprano en la mañana y no quizo comer el resto del día. Se la pasó echada en su cama, ante los ojos preocupados de Muffin, quien cayó esa misma noche tras vomitar su cena. No tienen nada malo, decía Adam, tal vez comieron algo que les cayó mal. Yo me moría de nervios y esa noche no dormí. Preocupada por mis bebés, me la pasé en vela vigilante, atendiendo a que no les pasara nada, ninguna arcada, ni vómito ni nada.

A la mañana siguiente parecía estar todo bien, pero en la tarde Muffin volvió a vomitar. Llévalas al parque y déjalas morder un par de hojas, decía Adam, los perros saben purgarse solos. Pero ninguna de las dos se quería mover. Ese ataque entusiasta y abrumador que suelen tener cuando me ven agarrar sus correas para salir estuvo ausente ese día, y fue preocupante. Algo pasa, me las llevo al veterinario.

No tienen nada, dijo el doc. Tal vez les cayó mal la comida. Pero doctor, ellas solo comen alimento para perros. Debe ser una indigestión, entonces, dijo tranquilo, dales un poco de yerbabuena, con eso se les pasa, y no las fuerces a comer. Regresé a casa enojadísima por no haber encontrado una respuesta a la cara de muerto de mis dos bebés. Esa noche tampoco dormí. Blue vomitó, y Muffin se la pasó con náuseas. Me agarró un ataque de llanto. Se mueren mis perritas, pensé, pero Adam me miraba con cara serena. Déjalas, van a estar bien, eso le pasa a los perros a veces.

A la mañana siguiente, Blue y Muffin estaban como nuevas. Comieron, jugaron, fastidiaron al gato, salieron a pasear, etc, todo lo que un perro normal hace. Ya entrada la tarde, aliviada y convencida de que ya estaban bien, me senté apaciblemente con ellas en el patio de la casa. Adam se acercó con una de mis zapatillas totalmente mordisqueada. Mientras la examinaba, escuché a Muffin vomitar por última vez: un pedazo de agujeta.
En la foto: Blue y Muffin.

domingo, 10 de mayo de 2009

Conch... tu madre

El día que Adam y yo hicimos la promesa de empezar a llevarnos mejor con nuestro resonado "borrón y cuenta nueva", yo me propuse en silencio aprender a aguantar con la misma mudez los desplantes de su mamá. Mientras no me la cruce no habrá problema, pensé. Por lo pronto, vale ir practicando mi cara de idiota despistada, entiéndase, cara de cojuda, esa misma que pondré cuando la tenga en frente para que alucine que sonrío a todo y que nada me molesta. Que no la oigo. Que no me afecta lo que diga. Que no espero nada de ella. Que no puedo ver sus muecas. Y que nada alterará la paz que llevo con su hijo. De vez en cuando habrá que mostrar algún detalle, algo que la haga sentir que estoy tratando de ser niña buena, de caerle bien, así la hipocrecía le brote por los poros al gesto, que sepa que por lo menos estoy haciendo un esfuerzo. Aunque en el fondo esté convencida de que no la quiero tener cerca.

Y hoy es día de la madre. ¿Saludarla o no saludarla? ¿La llamo? ¿Le mando un mensaje de texto? ¿O tal vez un email? ¿O le pido a Adam que la salude por mí? ¿O me hago la loca y no la saludo para nada? Sí, eso, me hago la loca, igual no la quiero saludar. Pero mi conciencia en forma de mi propia madre entra a mi cuarto a revolverme las ideas: llama a la mamá de Adam, hijita, que vea que te interesas en ella. No quiero llamarla, mamá, le voy a mandar un correo. No hija, un correo no es un saludo. ¡Ok! Cojo el teléfono.

Mamá de Adam: ¿Aló?

Lo: (Maldita sea, ¡contestó!) Señora, ¿cómo está? Le habla Lo.

Mamá de Adam: Sí, buenas tardes.

Lo: (¿Buenas tardes? tan seca... ) Buenas tardes, llamaba para saludarla por su día, ¿cómo la está pasando?

Mamá de Adam: Gracias.

Lo: (Te pregunté cómo la estabas pasando, vieja bruja...) Todos reunidos en familia, me imagino.

Mamá de Adam: Sí, todos estamos acá.

Lo: (Tan cortante... ) Me imagino que su hijo se ha portado bien hoy, jejeje...

Mamá de Adam: Siempre se porta bien.

Lo: (¡Ja! no siempre...) Qué bueno.

Mamá de Adam: ...

Lo: ...

Mamá de Adam: ???

Lo: Bueno señora, me despido, que la siga pasando...

Mamá de Adam: Ok Lo, gracias por llamar. ¡Clic!

Lo: ... bonito.

¡Listo! ¡Decidido! Mis hijos solo tendrán una abuelita, una nonita, una mamama, ¡una! ¡solo una! La otra será la señora que es mamá de papá, cuyo nombre apenas recuerdan y que solo ven de vez en cuando en algún cumpleaños, les regala medias y manda plata en Navidad, y que cuando está cerca, a mamá le da dolor de cabeza y se tiene que encerrar el día entero en su cuarto hasta que se le pase, por más que papá le de aspirinas con tecito de manzanilla y le acaricie el cabello pidiéndole que baje a la sala.

viernes, 8 de mayo de 2009

Casa para dos

Adam y yo nos hemos embarcado en un nuevo proyecto: empezar a construir la que será nuestra futura casa. Cómo se nos ocurrió, aún no lo sé. Recuerdo que luego de nuestra tragedia más reciente, ambos nos quedamos con ese sinsabor de no haber podido vivir a plenitud lo que hubiera sido la llegada de un hijo. Entonces hablamos de ya querer tener uno. Pero primero había que recuperarse, porque tu útero ha quedado débil, Lo, recuerda lo que digo el doctor. Así que teníamos que esperar. ¿Qué hacemos mientras esperamos? Pues lo de ley, casarnos. Pero para eso falta mucho, hay mucho que planear, muchas cosas que hacer antes, además cuando yo pida tu mano, Lo, quiero que sea una sorpresa para ti, así ya sepas que lo voy a hacer. Entonces hagamos algo más práctico con el tiempo que tenemos... seamos productivos, construyamos una casa.

Volvamos a las bases: años atrás, antes de los tiempos de Adam y de cualquier otro muchacho en mi vida, antes de que tan siquiera me viniera la regla o me crecieran las bubis, papá hizo una gran compra. Habían terrenos en venta, en una zona aún no urbanizada, alejada totalmente de lo que era Piura en sí. Los terrenos estaban demasiado baratos para ser verdad, y a papá le estaba sobrando un poco de plata. Así que compró dos; uno para mí y otro para mi hermano Fer. El paquetazo de Alan García en 1988, que destruyó la economía de muchos, permitió a papá pagar ambos terrenos en menos de un año. Y así, con tres propiedades en mano, papá pudo relajarse pensando que ya tenía una casa donde envejecer y dos terrenos que heredar a sus dos hijos.

Años después, Adam mencionó la palabra "matrimonio" en una reunión familiar. Y papá pensó: construcción. Escogió uno de los terrenos, los cuales ya estaban rodeados de casas pequeñas y verdes parques, y mandó a edificar parte de un primer piso, el cual luego pondría a mi nombre. Luego la palabrita en mención dejó de sonar, no importa, Lo, igual esa casa es para ti.

Ahora la palabra bebé nos sigue rondando las cabezas. Y la palabra matrimonio también. Así que Adam habló con papá; la cosa va en serio. Ya empezó el trámite: contratar un arquitecto, tramitar licencia de construcción, solicitar un préstamo al banco. Me caso. Con casa y todo.

Dato curioso: Adam aún no me "sorprende".

lunes, 4 de mayo de 2009

Hora de saltar

Ya pasó un año. Y en un año pasaron muchas cosas. Cosas buenas, cosas malas, cosas que me tumbaron al piso, cosas que me hicieron rebotar, cosas que me dejaron como chicle en zapato, cosas que me hicieron volar por las nubes, cosas que me metieron cinco días seguidos a la cama, cosas que me hicieron llorar como jamás pensé que podría, y cada vez una cosa peor que otra, cuando pensaba que no podría haber cosa más dolorosa venía otra cosa más, y así cosa tras cosa pasó un año. Ya es hora de dejar esas cosas atrás.

Escribo este post mientras escucho "This year's love" de David Gray. Es una canción hermosa. Suelo hacer eso frecuentemente con las canciones. Las adopto una a una, las canto y recanto, escucho y reescucho, las llevo conmigo en mi iPod, las pongo mientras trabajo, mientras escribo, en la computadora, en el auto, en la oficina, en donde sea, las hago mías dependiendo de mi estado mental y no de ánimo, pues sería demasiado pasajero para adoptar una, hasta que me aburro de ellas y luego pasan al baúl de los recuerdos que valdría la pena bloquear. En estos últimos doce meses adopté a "Scratch" de Kendall Payne, "Slipped Away" de Avril Lavigne, "Falling awake" de Gary Jules, "Colorblind" de Counting Crows, "Thinking of you" de Katy Perry, "Emotions" de Destiny's Child, "Oh boy" de Duffy y hasta "7 things" de Miley Cyrus (por Dios...), solo por mencionar algunas. La lista es larga.

En fin, ahora escucho a David Gray. Y repito la canción una y otra vez, y no me canso de escucharla, de atender a la letra y prácticamente rezarla. This year's love had better last me canta él, una y otra vez. Y sí, más le vale que dure. Le he puesto demasiadas ganas a esto, y más vale que sea para siempre. Es la única forma de mirar hacia atrás y poder encontrarle razón de existir a todas las lágrimas que derramé. Sí, más vale que este amor dure.

Hablaba de karma en el post anterior. Si existe tal cosa, entonces supongo que después de un año tan increíblemente malo, se vendrá uno sorprendentemente bueno. Sería lo justo, ¿no?

Llegó la hora de saltar. De dejar traumas e inseguridades atrás. De olvidar penas y miedos, de convertir todo dolor en aprendizaje. Suena fácil, pero no lo es. Al final, el amor trata de eso; saltar al vacío sin saber qué hay abajo, tan solo esperar que sea bueno y confiar en que no estrellaremos la cara al piso. Y una vez que se ha saltado, ya no se puede regresar, ya no hay cómo, y mirar atrás ya no sirve de nada, mirar atrás le quitaría la belleza a tan hermoso clavado.

Hubo un tiempo en que sabía que si me lanzaba de un edificio, Adam estaría abajo para recibirme en sus brazos. Figurativamente hablando, claro, ni yo soy suicida ni Adam tiene las habilidades del más experimentado catcher. Ya es hora de volver a sentirme así. Y si me estrello de cara al piso, al menos habré disfrutado el vuelo.

This year's love had better last... escúchenla.


sábado, 25 de abril de 2009

Karma

Todas las mujeres somos coquetas. Algunas a flor de piel, otras muy en el fondo, pero todas lo somos. A todas nos alhaga sentir las miradas encima, voltear cabezas por la calle, escuchar un silbido dirigido a nuestra persona. Me tomo la libertad de hablar en nombre de mi especie por una sola razón: lo he comprobado. Me juré anticoqueta durante años, y me sentía orgullosa de ello. Me importaba poco lo que el sexo masculino pensara de mí, salvo que se tratara de Adam o de mi papá. Incluso sentía fastidio cuando alguien me hacía ojitos o se me acercaba con claras intenciones de "conocerme más"... los cortaba en one y automáticamente se ganaban mi repelente desprecio. Con los años, eso cambió.

Ahora el hecho de que Adam no vaya a estar en un lugar X no es suficiente para que no salga bien maquillada, vestida, perfumada y atractiva a la vista. Sí, sí... también lo hago por mi misma, pero ¡venga mujeres! sabemos bien que un ego bien alimentado es lo mejor para el autoestima. Ahora me complace ver que alguien me ha notado y me está mirando más de lo normal. Tampoco es que le dé pie a algo más, pero me gusta ese juego del "mírame que te estoy mirando" y reirme con mis amigas del hecho. Ahora me doy el gusto de escuchar las tímidas indirectas de algún prospecto a admirador que se atrevió a acercarse, y mirar placenteramente su cara de decepción al decirle: Sorry, pero estoy con alguien. No me culpen, soy mujer.

Ayer fui al gimnasio con Polly, una compañera del trabajo. Polly y yo siempre nos hemos llevado bien y nuestras conversaciones son usualmente amenas. En algún momento hemos llegado a puntos confidenciales, aprovechando la cómoda situación de poder contarnos todo la una a la otra con la seguridad de que no le contará nada a nadie por lo poco que nos importa los asuntos de la otra en el fondo, intercalado con el afán de conversar con alguien que te cae bien y cuya compañía te parece agradable. Esta simpática pseudo amistad empezó el año pasado, cuando Polly se inscribió en una clase de spinning al gimnasio al que yo voy, y resultó ser mi clase. En fin, ayer fuimos al spinning juntas.

Sentada yo en una bicicleta, contando los minutos hasta terminar mi calentamiento, escuché a Polly a mi costado diciendo: Lo, hay un chico buenazo sentado detrás de ti. Miré hacia adelante y pude ver su reflejo a través del espejo del salón. Era un bellísimo espécimen de unos veintipocos. Efectivamente, era un Adonis. Y se había sentado en la bicicleta de atrás. Por alguna estúpida razón, me empecé a sentir nerviosa. Más autoconciente de lo normal. Y de nuevo Polly: Qué roche Lo, cuando empiece la clase él va a tener todo tu trasero en su cara. No importa, tengo un lindo trasero, respondí, sorprendiéndome a mi misma con mi súbita manera de consolarme ante lo inevitable. Recuerdo cuando inicié mi entrenamiento y escogí ese horario porque todas las que asistían eran mujeres y no quería que ningún hombre me viera horrible y sudorosa. Y ahora tenía al chico nuevo, guapísimo, y sentado justo detrás de mi. Genial.

Empezó la clase. Tal vez se canse y se vaya antes de que termine la hora, pensé, después de todo es nuevo. Pero resultó ser bastante atlético y aguantó bien el ritmo de entrenamiento. Te está mirando, escuché decir a Polly, quien me sonreía como quien espera que su amiga aproveche la oportunidad en su nombre. Y yo solo le pedía a mis glándulas sudoríparas que solo por esta vez dejaran de funcionar. Seguí pedaleando. No podía mirar al espejo. Generalmente me miro pedalear durante clase, pero esta vez intenté mantener los ojos en el piso. Cruzamos miradas cuando dejé de intentar, y él sonrió. Me sentí como una chiquilla de secundaria.

Terminada la clase, Polly se acercó. Si te viera Adam se muere, me dijo burlonamente. Y con eso me trajo de un jalón al planeta. Sintiéndome un poquito cochina y pecaminosa por mi inocente flirteo, no pude evitar pensar que tal vez Adam hace lo mismo. Y me molestó. Tal vez Adam coquetea con alguien de su trabajo, o de algún otro ambiente que frecuenta, tal vez es él quien le sonríe inocentemente a alguien más a través de un espejo, tal vez también se siente autoconciente y nervioso cuando un atractivo ejemplar del sexo opuesto se le sienta cerca. En realidad estaba molesta conmigo misma. Por tonta, por desubicada, por simplona.

Polly interrumpió mis cavilaciones con un "ahí viene". Adonis se estaba acercando, alto, firme, echándose el agua de su botella en su cabello alborotado, secándose con una toalla y luciendo increíble. Pero ya no me importaba, no quería que Adam coqueteara con otras chicas, y yo no quería coquetear con nadie más. Sentía que el karma me la iba a devolver como ya lo he hecho en otras ocasiones. Soy celosa, sí, lo estoy descubriendo, y quiero ser solo yo quien acelera las hormonas de Adam. Lo justo entonces es que solo sea él quien acelere las mías.

Vi llegar a Adonis adonde estábamos mi boquiabierta amiga Polly y yo. Lo miré con la indiferencia de una chica que está satisfecha con su relación y no necesita nada más. Perdón señora, dijo, haciendo ademanes para intentar pasar entre las bicicletas y yo. Mis horrorizados 27 años respondieron: Sí, pase.

martes, 21 de abril de 2009

Lapsus brutus

Sé que he criticado múltiples veces a Adam por su innata habilidad para hacerse el huevón y comportarse como idiota. Pues, digamos que dichas aseveraciones no siempre han sido del todo justas. Sí, es cierto, cuando Adam mete la pata realmente se luce, pero en momentos de crisis sabe siempre qué hacer y cómo mejorar las cosas. Esa aparente indiferencia que siempre me enoja de pronto se convierte en una asertiva calma y mente fría para enfrentar situaciones y resolver problemas aparentemente irresolvibles. Tomemos por ejemplo los últimos días en que me transformé en alguien emocionalmente patético y físicamente lamentable. Adam supo como manejar la situación a pesar de que en algún momento lo tildé de insensible. No tuvo que hacer mucho, solo aguantarme. Paciencia, mucha paciencia, sé que puedo ser enervante a veces.

Ayer, mientras tomaba una ducha, Adam usó mi laptop. Cuando me vio salir del baño, cerró el lid. Al ver su reacción, imaginé lo peor. ¿Por qué cerró el lid al verme? ¿Había algo que no quería que viera? ¿Tiene algo que ocultar? ¿Me está engañando con alguien? ¿Una vez más? Mi mente empezó a correr a mil por hora, y cuando empieza nada la para. Mientras me vestía, imaginaba a Adam sosteniendo una apasionada videocharla con alguna aspirante a estrella xxx de Portugal, quien estaba totalmente encantada con ese chico de ojos inocentes y mente perversa, y dispuesta a enseñarle lo que fuera que él pidiera. O tal vez se había contactado con la holandesa esa, le decía que la extrañaba, que quería verla, que se estaba aburriendo de mí, que quería volar a su lado. O tal vez estaba viendo porno, sí, fotos, videos, historias, zoofilia, S&M, milfs, travestis... Salimos a cenar.

Me pasé toda la cita escuchándolo hablar sobre su trabajo, su trabajo y su trabajo. Si no fuera mi novio ciertamente habría gritado NEXT. Sin embargo, lo que hablara era poco importante, mi mente seguía pensando en cuando cerró el lid. Llegamos a casa, él agotado de comer y hablar, y yo agotada de pretender que no me pasaba nada. Nos fuimos a dormir y nunca se toco el tema.

A la mañana siguiente, me llevé la laptop al trabajo. Al abrir el lid me di con una chocante sorpresa: Adam había dejado abiertos su messenger y su correo personal. Era la oportunidad de oro, ahora podía saber qué había estado haciendo mientras yo me bañaba tranquilamente, ahora podía salir de dudas, ahora podía saber la verdad.

Ah... la verdad. ¿Es siempre bueno saber demasiado? Hay verdades que una no quiere oir, verdades totalmente inocentes, que no representan en concepto ningún tipo de amenaza para una relación, a menos que se sepan y se conviertan en alimento para la paranoia. Digamos, un día al salir del trabajo me encuentro con un ex (recordemos que con Adam ya llevo casi 10 años, por lo que cualquier ex es en realidad una pseudo relación de los tiempos mongos de la adolescencia), conversamos un rato, intercambiamos números y correos ("para mantenernos en contacto"), nos despedimos y chau. Totalmente inocente. Y probablemente Adam actuaría como que no le importa si lo llegara a saber, pero inevitablemente empezaría el interrogatorio: ¿y de qué hablaron? ¿y cómo así se encontraron? ¿tú dónde estabas? ¿y qué hacía él por allá? ¿y para qué intercambiaron números? ¿y correos? ¿vas a chatear con él? etc etc etc... No es recomendable ser 100% sincero en una relación... ¿o acaso si tu novio te confiesa que hoy en el trabajo estuvo junto a sus amigos mirándole el trasero a una chica lo vas a felicitar por su honestidad?

Y bueno, volviendo a la laptop, estaba yo en la disyuntiva de no saber si debía o no debía aprovechar esa oportunidad envidiable que a pocas se nos presenta. ¿Realmente estaba preparada para saber tanto? Tener acceso al correo personal de Adam era tener acceso a su mundo. Y utilizar su messenger... conocer su interacción ciber con las personas... era demasiado bueno para rechazarlo. Así que lo hice, ¡sí, lo confieso! lo hice: entré al correo de Adam y me conecté al messenger en su nombre. ¿Y qué descubrí? ABSOLUTAMENTE NADA.

Cambié su estado a "conectado" en Messenger y esperé. Nadie me escribió. Así que probé escribirle a alguna conectada cuyo nombre me sonara sospechoso o poco conocido. "Hola Adam, ya recibí los papeles que te pedí, gracias por tu eficiencia" fue la respuesta que obtuve de bellapasion_2006. Era una de sus colegas. Después de veinte minutos de recibir respuestas como "Hola, qué milagro conectado, nunca te veo por acá", "Que tal brother, ¿cómo está Lo?", "Primito, a los años" y (esta fue mi favorita) "Sr Paisley, cómo le va, no sabía que Ud. usaba Messenger" caí rendida en la cuenta de que por esos lares Adam era un total extraño. Así que pasé a su correo. Sí, lo sé, fue estúpido, intromisorio, invasivo e irrespetuoso, pero no pude evitarlo, tenía que encontrar algo, no sabía para qué, pero tenía que hacerlo. Y de nuevo no encontré nada. Cadenas enviadas por contactos, actualizaciones de la asociación de exalumnos, informes laborales, correos de familiares, confirmaciones de suscripción a boletines en línea, fotos intercambiadas con colegas y amigos cercanos... eso fue todo lo que encontré. Ni un solo mail incriminatorio, ninguna portuguesa tetona enviándole besos, ninguna holandesa arrimada recordándole travesuras, ninguna página porno invitándolo a soltar sus secretos de cama. Nada.

Primero me sentí satisfecha. Luego me sentí estúpida. ¿Cómo pude haber desconfiado tanto de Adam para llegar a ese punto? Había pasado un total de dos horas averiguando nada. ¿Cómo pude haber sido tan entrometida, invadir su privacidad de esa manera? Dos horas... desperdiciadas. No por no haber encontrado nada, sino por haber sido mentalmente incapaz de tan solo confiar. Después de todo, Adam ya se está portando "bien", ya no da razones de queja, y ahora estamos más cercanos que nunca... y yo le hago esto... Pensé en contarle todo y disculparme por haber sido tan paranóica e irracional. Pero recordé mi teoría: no todas las verdades son bienvenidas en una relación.

sábado, 11 de abril de 2009

Poco a poco

El proceso de sanación y olvido empezó en Jueves Santo:

Miré por última vez las mediecitas que tenía guardadas en un cajón, lloré por quince minutos y las volví a guardar bajo llave.

No me quedé callada. Hablé con Adam, le dije cómo me sentía, le hablé de mis temores y lo escuché hablar también. Lloramos juntos, me abrazó, lo abracé. Y prometimos no llorar más.

Me mantuve ocupada, me puse al día con los pendientes que habían quedado en el trabajo por mis tres días de ausencia, me rodeé de papeles y me pasé un día entero entre ellos. Fue una bendición.

Redecoré mi habitación. Saqué de ella todo lo que hacía tiempo ya no servía: ropa, zapatos, cuadernos, papeles y se los regalé a la señora que limpia las calles de noche. Liberé espacio, limpié todo, hasta el último rincón. Y finalmente moví los muebles a mi gusto.

Me concentré en mí. Me di duchas largas (lo siento planeta, solo por esta vez), me arreglé el cabello, me hice un facial, pedicure y manicure.

Recibí el cariño de mamá y papá, pasé más tiempo con ellos, escuché sus consejos, opiniones, consoladoras palabras, caricias en la cabeza, comprensión ilimitada, empatía a borbotones.

Redescubrí mi gusto por la música indie. Reorganicé mi iPod.

Jugué con mis perros como si fuera una niña de 6 años. Me comí una super hamburguesa en la cena junto a Adam.

Me concentré en no pensar.

Pero lo que pasó aun no pasa.

miércoles, 8 de abril de 2009

¿Por qué?

Siempre se habla de sentimientos encontrados y confusión emocional, pero recién en los últimos días he aprendido el significado de ambos. He llorado ríos durante horas para luego sentarme muda a ver TV mientras me como un sandwich, me he afligido mientras tocaba mi vientre vacío para luego escuchar con atención los chistes de Adam, he torturado a mi corazón escuchando Slipped Away de Avril Lavigne para luego concentrarme en la lectura de alguno de mis blogs favoritos. Más de una vez mientras las lágrimas corrían por mi rostro, empezaba a pensar que quizás no era para tanto y debía ya empezar el proceso de sanación y olvido. Más de una vez mientras me distraía con algo en particular, me detenía para pensar que quizás debería estar más triste y menos indiferente a lo que me acababa de ocurrir. Es difícil sentirse de lo peor y no saber como lidiar con ello.

Sin embargo hay algo que ambos altibajos emocionales tienen, y es el inquisitivo por qué. ¿Por qué me sucedió esto? ¿Por qué a mí? ¿Por qué a nosotros? ¿Por qué ahora? ¿Por qué así, tan pronto? ¿Qué pasó? ¿Qué hice mal? ¿Qué pude haber hecho para mejorarlo, rescatarlo, no perderlo? ¿Por qué merezco que me pase algo de esta magnitud? ¿No me ha pasado suficiente ya?

Dicen que Dios nos da una cruz tan grande como podamos cargarla... pues ciertamente Él espera mucho de mí. Estos doce meses han sido para el olvido, desde mayo del año pasado hasta este horrible abril. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Alguien dirá que es lo mejor, que no era la hora, que todo pasa por algo. Pero las palabras resbalan como agua en este momento, no hay nada que me haga sentir mejor ni peor, pues estoy en un estado en el que solo el tiempo puede cambiar lo que estoy sintiendo. Esta fue mi cruz este año, esto es lo que deberé ahora aprender a superar. Y sigo preguntándome una y otra vez... ¿por qué?

¿Qué debo hacer ahora? ¿Pretender que nunca pasó? ¿Que nunca hubo nadie en mi vientre? ¿Que nunca nadie estuvo destinado a llamarme mamá? Solo me queda esperar... Han pasado cinco días en los que no he trabajado, he sangrado, he llorado, y he permanecido en estado estático impensante y medio vegetativo en un doloroso intento por no sentir nada. Pero las lágrimas siempre llegan.

Miro a Adam y sus ojos de impotencia, de no saber qué hacer o qué decirme, de quizás estar un poco harto, un poco cansado, un poco con ganas de ya seguir adelante. Y quiero hacerlo, no quiero convertirme en esas mujeres que se vuelven una carga emocional para cualquiera que tengan cerca, pero es tan, tan difícil. Este es el tipo de cosas para el cual una nunca está preparada.

Ya le iba a cambiar el color al blog, le iba a poner flores, osos, pajaritos, chupones, iba a abrir una nueva temporada... pero algo me dijo espera, no te apures, espera. Y pasó lo que pasó. Es un dolor que solo siendo mujer se puede entender, y aún así, solo pasando por ello se puede llegar a comprender por completo. Es físico, es mental, es corazón roto, es ilusión perdida, es sueño destrozado, es cada contracción recordándote que hubo algo que pudo ser y que ahora no es nada, es cada gota de sangre haciéndote imaginar lo que estuvo dentro de ti y que hasta nombre tenía. Es un via crucis personal, caer no tres sino solo una vez sin poder levantarte, sin que nadie te ayude, sin que nadie te limpie el rostro, sin que nadie llore por ti. Es un clavo en el pecho, es una espada en el vientre. Es un sufrimiento dificil de describir.

Gracias a todos por su empatía, el cariño se siente. Y si hay alguien ahí afuera que ha pasado por esto, dígame por favor, cómo hago para ya no sentirme así.